Este martes 3 de diciembre, en la Sala Azul de la Nave Universitaria, se realizará un homenaje al profesor Luis Rodríguez Nievas. El evento comenzará a las 20 y en el mismo se entregará material bibliográfico.

El Profe Luis Rodríguez fue pionero en todo lo que se propuso. Un adelantado, aunque su obra no fue reconocida por el grueso de la sociedad mendocina. Falleció a los 96 años en el 2016.

Fue el primero en hacer entrenar a un equipo de fútbol en un gimnasio cerrado, el “inventor” de los trabajos de preparación física con pelota (“los dirigentes se querían morir cuando les pidió cinco balones de fútbol. En esa época había una y era la misma con la que se jugaba el domingo”, cuenta Hardan Curi).

Su sapiencia lo llevó a innovar con llevar a un equipo a realizar una pretemporada en altura (la de Andes Talleres de 1970), más precisamente en Vallecitos.

Fue el autor de la ley del deporte de nuestra provincia y también el creador de la escuela de directores técnicos de la Liga Mendocina de Fútbol.

El profe, no hay otra manera de llamarlo, instauró la actividad física obligatoria en todas las carreras de la Universidad Nacional de Cuyo cuando fue director de Deportes de esa casa de estudio entre 1973 y 1976.

El profe Rodríguez fue un personaje entrañable. Un hombre que “creó” el deporte en nuestra provincia. “Mi intención era que el deporte se extienda para todos los jóvenes entendiendo que era una necesidad y que como decía Evita, ‘donde existe una necesidad nace un derecho'”, contó alguna vez.

Su carácter de revolucionario le costó ser sacado de su oficina con una pistola en la cabeza y estar detenido “por comunista”. “Mis amigos del deporte me salvaron de ser un desaparecido más”, contaba.

Su lucha social, que fue el motor de su vida, lo llevó a pelear durante más de 30 años para que el título de profesor de educación física de la UNCuyo fuera reconocido a nivel nacional. Fue coordinador de los Juegos Evita en nuestra provincia y a nivel nacional. Eso le valió conocer a la “abanderada de los humildes”.

“A los que trabajamos en los Juegos nos daban un viático, pero yo no quise cobrarlo. Entonces Evita me mandó a llamar”, cuenta de su primer contacto con la primer dama de Perón. “¿Por qué no quiere cobrar?, me preguntó. Porque este es mi aporte al deporte que tanto me ha dado, le conteste (contaba Rodríguez). Entonces me pidió mi documento y me dijo que fuera al otro día a una joyería en Avenida de Mayo. Allá me regalaron una joya única”.

Rodríguez se destacó siempre por el apoyo que le dio a los atletas y su severidad para el trabajo. Cuentan quienes pasaron por su gimnasio que nunca les cobró y que lo que les exigía era ser serios para trabajar.  “Una vez echó de los pelos a un basquetbolista norteamericano porque no hacía los ejercicios como debía”, confiesa uno de sus pupilos.

El profe cuenta que su llegada al deporte la experimentó en el colegio Martín Zapata. “Practicaba esgrima, atletismo y arquería, por eso me pidieron que organizara el equipo de fútbol de mi escuela para un torneo intercolegial de la UNCuyo”, cuenta recordando su primeros incursiones con su pasión.

Así fue como Rodríguez Nievas empezó su vínculo con la Universidad, establecimiento educacional donde, una vez terminada su enseñanza media, optó por la carrera de Ciencias Económicas. “Estuve dos años, pero en el camino me di cuenta de que lo mío era el deporte”.

Fue entonces cuando ingresó a la Facultad de Medicina, donde funcionaba por entonces la carrera de profesorado de Educación Física.

Luego de recibirse se especializó en Alemania en rehabilitación en sistema motor. “Una vez que retorné de Europa, me instalé a entrenar al equipo de fútbol de Gimnasia y Esgrima”, relataba. En ese club, Rodríguez Nievas marcó un hito notable porque incorporó la pelota como elemento de entrenamiento.

Con el tiempo, comenzaría a trabajar en uno de los deportes que más satisfacción le dio en su vida: el básquet. “Al ligarme con el basquet de la provincia me llamaron para ser preparador físico de la selección masculina, que se consagró por primera vez con el título Sudamericano 1966 y en Mendoza”, recuerda. Luego Rodríguez tuvo una misión similar en el seleccionado femenino de básquet donde trabajó quince años.

Al cumplir este largo ciclo con las espigadas chicas realizó una gira por Asia y Oceanía para completar sus estudios en traumatología, ortopedia y medicina del deporte. “La capacitación tiene que ser permanente, porque cada día se producen cambios importantes, hay que estar al día y tener la mente abierta para aceptarlos”, sostenía.

En su carrera deportiva, hubo dos momentos que le aceleraraban el corazón y humedecían los ojos: “Cuando salimos campeones sudamericanos, vinimos desde la zona del Anfiteatro Frank Romero Day, donde estaba la cancha, hasta el centro. La gente nos aplaudió, cantaban el himno, fue muy emocionante. Otro momento fue cuando la selección brasileña de basquet femenino por mi corroboración en los campeonatos sudamericanos a las jugadoras lesionadas y la mejor jugadora del mundo Norminha me dejó su camiseta”.

“El deporte me ha dejó mucho, grandes amigos, de la época de Gimnasia del sesenta con aquel equipo de Videla, Torre, Curi, Montes de Oca, Legrotaglie, Berti, Sosa, Ledesma”, subrayaba

Entre sus muchas anécdotas “el Profe”  comentaba que su verdadera fecha de nacimiento fue la del 3 de marzo de 1920, pero que recién fue inscripto el 3 de abril del mismo año.  Explicaba que su mamá, que era directora de una escuela que funcionaba en El Bermejo, solo pudo viajar ese día en tren desde La Lagunita donde vivían al centro de Mendoza para anotarlo.

Su amor por la educación física y los alcances de estos, fueron su desvelo. “Los profesores hemos perdido un lugar que no supimos ocupar. Se ha perdido seriedad. No trabajamos como se debe y estamos cosechando los frutos de una generación sin cultura física”.

Un impulsor de que el deporte comunitario debe tener su espacio. “Sigo sosteniendo que las actividades deportivas individuales terminan haciendo un individuo que vive solo, un autista”.

Así fue él. Un personaje entrañable y a quien sus discípulos calificaba como el “profesor de los profesores”.

Por Maximiliano Salgado | maximilianoalesalgado@gmail.com

Comments are closed.