Más allá de todo lo que hizo en vida, el querido profe se convirtió en el primer docente de educación física que tendrá una escuela con su nombre.

Humanidad, respeto, amistad, compromiso social, comprender al que piensa distinto, considerar la diferencia, solidaridad, esfuerzo, trabajo. Todo eso tienen nuestros protagonistas de esta sección. Anónimos que lejos de buscar la fama, el poder o el dinero que marcan las constantes vitales de nuestra sociedad optaron desde la sombra por remar a favor de una comunidad que es una familia. Héroes que a lo largo de 60 años le dieron vida al Instituto De Educación Física Jorge Coll.

Por Maxi Salgado

María Ramos Castilla

«Fue pionero en todo lo que se propuso. Un adelantado, aunque su obra no fue reconocida por el grueso de la sociedad mendocina. Ayer fue un día de luto para todo el deporte de Mendoza. A los 96 años, se fue el profe Luis Rodríguez», escribí en Los Andes el día de su muerte.
Allí se hablaba de esa ausencia de reconocimiento hacía un personaje entrañable y difícil de igualar.
Hace unos días y después de un arduo trabajo, el profe Rodriguez tiene una escuela que llevará su nombre.. Se trata de la escuela 4-257 de El Pedregal, Rodeo del Medio, Maipú.
Un homenaje que nadie discute o no debería hacerlo. Aunque María Ramos Castilla, la directora que hizo todo para que se le permitiera bautizar «su» escuela, nos cuenta que hubo mucha resistencia para que esto pasara. «Llegué a pensar que tenia que ver con su identificación política», cuenta la docente que ya está jubilada.
La escuela es una de los secundarios de la provincia que tienen orientación en Educación Física y esa elección tuvo que ver con qué «los chicos trabajan todo el día en la tierra o ven a sus padres dedicarse a eso, había que darles algo diferente», justifica.
El destino quiso que ambos pusiéramos un granito de arena para que esto sucediera y que recién con la noticia confirmada pudiéramos conocernos.
«Un sábado a la mañana leí una nota en Diario Los Andes sobre la muerte del profesor y me di cuenta que esa persona era la que reunía todos los valores que yo estaba buscando para bautizar mí escuela», cuenta Mery, cómo todos la conocen.
Aquella nota la había realizado yo y era la del día del fallecimiento del profesor y con cuyas primeras líneas arranco este recuerdo.
«Vos también sos parte de esto», me dijo cuando la contacte para que me contara sobre como había nacido la idea y sin saber el germen de esa brillante iniciativa.
«Algunos me decían que tenía que llamarse Maradona o Messi, pero la verdad que no me convencían esos nombres. Después de leer la nota, empecé a investigar, hablé con mucha gente e iniciamos el expediente. Un expediente que se perdió un par de veces y que hubo que volver a presentarlo».
Hay que recordar que la DGE es la que autoriza el bautismo y el nombre que se propone.
«La identidad es primordial, saber quién soy me define. Por eso es tan importante para mi el nombre que tenía la Escuela. Debía ser de alguien que se idéntica con la vocación del
profesor de Educación Física, que diferente a cualquier otro profesor. Es una vocación relacionada a la salud. Y que de paso sirviera como guía inspiradora. El Profe tenía estas cualidades, no era un ídolo de barro o meramente un ídolo de multitudes», nos cuenta con la seguridad que le dan el trabajo investigativo para llegar a tomar la decisión.
«Cuando empecé a investigar lo hice entrevistando o preguntando a los profesores de Educación Física, y observé lo significativo de su imagen o de su impronta o lo relevante. Decir que para los profes de Educación Física su impronta era significativa en su hacer en su vida estaba el ejemplo de lo que un Profesor debe tener.
Responsabilidad, estudio preparación empatía. También descubrí que tenía un grupo de discípulos que se hacían llamar los 4 Mosqueteros, así llegué al profe Gabriel Gei, el que desinteresadamente concurrió al establecimiento con material audiovisual, bibliográfico y también llevó a sus hijos Arturo y su hermana para acompañarnos. Solo alguien que deja huella moviliza a sus alumnos aun después de fallecido», sigue relatando.
Mery se siente orgullosa de que Luis Rodríguez Nievas sea el primer profesor de educación física que será inmortalizado con el bautismo de la escuela.
Luis Rodríguez Nievas que tiene una historia muy particular y muy rica casi desde su nacimiento allá por La Lagunita, El Bermejo. Es que contaba que nació el 3 de marzo de 1920, pero que recién fue inscripto el 3 de abril del mismo año. Explicaba que su mamá, que era directora de una escuela solo pudo viajar ese día en tren desde La Lagunita, un lugar muy pintoresco de Guaymallén.
Seguramente su espíritu de lucha y su compromiso social, el que siempre estuvo, harán que la 4-257 ahora pueda comenzar a tener unas condiciones edilicias acordes.
«Cuando llegamos estábamos en una especie de sum en donde dábamos las clases y estábamos en la última parte con solo armarios. La Secretaria, Preceptora, Sala de Profesores, Servicio de Orientación, Biblioteca e Informática. Pero nuestro corazón inmenso hizo que con Nuestra Modalidad saliéramos a darnos a conocer a la Comunidad. Con Nuestra Propuesta de Educación Física y Salud», rememora la Dire mientras se le hace un nudo en la garganta de la emoción. Es una apasionada, una docente de alma y lo transmite en cada una de sus palabras, de sus gestos, en el brillo de su mirada. Por eso no extraña que haya dejado un cargo en la José Vicente Zapata, a pocas cuadras de su casa, y haya ido a cambiar la historia o hacer historia en Rodeo. Es verdad que el sueño de la imposición del nombre llego con ella ya jubilada, nadie puede dejar de mencionarla como la madre del proyecto. También hay que destacar el trabajo de Elio González, profe de educación física que quedó a cargo de la dirección y la lucha.
Luis Rodríguez Nievas también es el nombre del gimnasio de pesas de la UNCuyo, de dónde lo sacaron con un arma en la cabeza en la época del proceso militar.
Todos los homenajes son pocos para ese gigante de la educación física, el hombre que fue el padre o el creador de la preparación física en Mendoza.

La nota que despertó la idea es la siguiente:
«Fue pionero en todo lo que se propuso. Un adelantado, aunque su obra no fue reconocida por el grueso de la sociedad mendocina. Ayer fue un día de luto para todo el deporte de Mendoza. A los 96 años, se fue el profe Luis Rodríguez.
Fue el primero en hacer entrenar a un equipo de fútbol en un gimnasio cerrado, el «inventor» de los trabajos de preparación física con pelota («los dirigentes se querían morir cuando les pidió cinco balones de fútbol. En esa época había una y era la misma con la que se jugaba el domingo», cuenta Hardan Curi).
Su sapiencia lo llevó a innovar con llevar a un equipo a realizar una pretemporada en altura (la de Andes Talleres de 1970), más precisamente en Vallecitos.
Fue el autor de la ley del deporte de nuestra provincia y también el creador de la escuela de directores técnicos de la Liga Mendocina de Fútbol.
El profe, no hay otra manera de llamarlo, instauró la actividad física obligatoria en todas las carreras de la Universidad Nacional de Cuyo cuando fue director de Deportes de esa casa de estudio entre 1973 y 1976.
El profe Rodríguez fue un personaje entrañable. Un hombre que «creó» el deporte en nuestra provincia. «Mi intención era que el deporte se extienda para todos los jóvenes entendiendo que era una necesidad y que como decía Evita, ‘donde existe una necesidad nace un derecho’«, contó alguna vez.
Su carácter de revolucionario le costó ser sacado de su oficina con una pistola en la cabeza y estar detenido «por comunista». «Mis amigos del deporte me salvaron de ser un desaparecido más», contaba.
Su lucha social, que fue el motor de su vida, lo llevó a pelear durante más de 30 años para que el título de profesor de educación física de la UNCuyo fuera reconocido a nivel nacional. Fue coordinador de los Juegos Evita en nuestra provincia y a nivel nacional. Eso le valió conocer a la “abanderada de los humildes”.
“A los que trabajamos en los Juegos nos daban un viático, pero yo no quise cobrarlo. Entonces Evita me mandó a llamar”, cuenta de su primer contacto con la primer dama de Perón. “¿Por qué no quiere cobrar?, me preguntó. Porque este es mi aporte al deporte que tanto me ha dado, le conteste (contaba Rodríguez). Entonces me pidió mi documento y me dijo que fuera al otro día a una joyería en Avenida de Mayo. Allá me regalaron una joya única”.
Esa misma joya, hace cinco años ante el asombro de los presentes, se la regaló al legislador Luis Francisco, quien había sido alumno suyo. Rodríguez se destacó siempre por el apoyo que le dio a los atletas y su severidad para el trabajo. Cuentan quienes pasaron por su gimnasio que nunca les cobró y que lo que les exigía era ser serios para trabajar. «Una vez echó de los pelos a un basquetbolista norteamericano porque no hacía los ejercicios como debía», cuentan.
El profe cuenta que su llegada al deporte la experimentó en el colegio Martín Zapata. «Practicaba esgrima, atletismo y arquería, por eso me pidieron que organizara el equipo de fútbol de mi escuela para un torneo intercolegial de la UNCuyo», cuenta recordando su primeros incursiones con su pasión.
Así fue como Rodríguez Nievas empezó su vínculo con la Universidad, establecimiento educacional donde, una vez terminada su enseñanza media, optó por la carrera de Ciencias Económicas. «Estuve dos años, pero en el camino me di cuenta de que lo mío era el deporte».
Fue entonces cuando ingresó a la Facultad de Medicina, donde funcionaba por entonces la carrera de profesorado de Educación Física.
Luego de recibirse se especializó en Alemania en rehabilitación en sistema motor. «Una vez que retorné de Europa, me instalé a entrenar al equipo de fútbol de Gimnasia y Esgrima», relataba. En ese club, Rodríguez Nievas marcó un hito notable porque incorporó la pelota como elemento de entrenamiento, contó el profe.
Con el tiempo, comenzaría a trabajar en uno de los deportes que más satisfacción les dio en su vida: el básquet. «Al ligarme con el basquet de la provincia me llamaron para ser preparador físico de la selección masculina, que se consagró por primera vez con el titulo Sudamericano 1966 y en Mendoza», recuerda. Luego Rodríguez tuvo una misión similar en el seleccionado femenino de basquet donde trabajó quince años.

Al cumplir este largo ciclo con las espigadas chicas realizó una gira por Asia y Oceanía para completar sus estudios en traumatología, ortopedia y medicina del deporte. «La capacitación tiene que ser permanente, porque cada día se producen cambios importantes, hay que estar al día y tener la mente abierta para aceptarlos», sostiene.
En su carrera deportiva, hay dos momentos que le aceleraron el corazón y humedecieron los ojos: «Cuando salimos campeones sudamericanos, vinimos desde la zona del Anfiteatro Frank Romero Day, donde estaba la cancha, hasta el centro. La gente nos aplaudió, cantaban el himno, fue muy emocionante. Otro momento fue cuando la selección brasileña de basquet femenino por mi corroboración en los campeonatos sudamericanos a las jugadoras lesionadas y la mejor jugadora del mundo Norminha me dejó su camiseta”.
“El deporte me ha dejó mucho, grandes amigos, de la época de Gimnasia del sesenta con aquel equipo de Videla, Torre, Curi, Montes de Oca, Legrotaglie, Berti, Sosa, Ledesma», subrayó.
Su amor por la educación física y los alcances de estos, lo tenían muy preocupado. “Los profesores hemos perdido un lugar que no supimos ocupar. Se ha perdido seriedad. No trabajamos como se debe y estamos cosechando los frutos de una generación sin cultura física”.
Un impulsor de que el deporte comunitario debe tener su espacio. “Sigo sosteniendo que las actividades deportivas individuales terminan haciendo un individuo que vive solo, un autista”.
Así era él. Un personaje entrañable y a quien sus discípulos calificaba como el “profesor de los profesores”.

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