Raúl Brioude nos cuenta todo lo que se hizo desde el IEF para darle vida al predio del Instituto en el Aconcagua Arena. Quien quiera oír que oiga.

Viajes, análisis de estadios, aportes de profesionales y un trabajo mancomunado fueron dando vida al proyecto del Instituto de Educación Física que se cristalizó en el Aconcagua Arena y que hoy esperamos que se nos entregue.

La semilla se plantó en los primeros once del 2011 y fue germinando durante todo el período de gobierno de Paco Pérez.
Quién comenzó y conoce bien todo este camino es Raúl Brioude, ex rector de nuestra institución.

«Cuando Paco Pérez era candidato nos convocó a un desayuno de trabajo y nos contó de su idea de la Villa Deportiva en la que se iba incluir al Instituto. Nosotros lo tomamos como una promesa de campaña, pero diez días después de asumir nos contactamos los arquitectos de la provincia para saber nuestras necesidades y nos pusimos a trabajar en el proyecto», nos cuenta Raúl.

Su memoria, cual enciclopedia, tiene todo almacenado con lujos de detalles. «En muy poco tiempo, con el trabajo de Luis Castillo, Julio Fischer, Daniel Rodríguez, Claudio Cappezone y Contreras, entre otros, presentamos el proyecto con todas las necesidades que creíamos que necesitaba un Instituto de las características del IEF. Recuerdo que nos felicitaron por la propuesta. Un mes después, mostrando la celeridad con la que se trabajaba y las ganas de hacer las cosas que tenía el gobierno, nos invitaron a ver un maqueta virtual a la que le hicimos aportes», continua recordando.

Su entusiasmo de aquel momento era el mismo con el que nos cuenta todo aquel trabajo realizado y que llevó al equipo a trabajar en forma muy profesional.

«Visitamos muchos estadios de la provincia con la idea de ir viendo que se podía hacer y que mejorar. Claudio Cappezone viajó a Chile y trajo información del estadio de Unión Española, mientras que Daniel Rodríguez fue a Córdoba y se interiorizó del trabajo realizado en el Kempes, donde hoy está el Instituto de Educación Física de esa provincia, que para mí es el mejor del país en la actualidad», repasa sobre los viajes que se hicieron.

Raúl siempre hizo todo con pasión y este proyecto no fue la excepción. «Propusimos que se pusiera un destacamento policial en el Parque Aborigen, porque no había seguridad en la zona. También usar el Velódromo. El ingreso iba ser por Obras Sanitarias. Propusimos que la pileta debía ser olímpica, con visores y hasta que hubiera un lugar para las federaciones de la provincia. Yo iba a ver las obras cada 10 o 15 días», rememora.

Todo venía muy bien allá por el 2015. «Recuerdo que nos pidieron hasta el color en el que queríamos pintar las aulas y teníamos todo el mobiliario en la Bodega Giol para armar las aulas. Previo a terminar su gestión, Paco Pérez nos convocó y nos dio la posesión del lugar a través de un decreto».

Pero otra historia arrancó en 2016. «Yo ya no era el rector, pero le propuse a Luis Castillo que lleváramos a cuarto año en un primer paso. Entendimos igual que era más lógico esperar a que asumieran las nuevas autoridades, pero cuando fuimos a hablar con ellos no fuimos atendidos, o mejor dicho fuimos mal atendidos», asegura.

Mucho trabajo, un trabajo bien profesional, eso se hizo desde el Instituto para tener la casa propia que hoy se le niega. Nada ha sido regalado.

«Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia. La verdadera historia. Quien quiera oír que oiga», cantaba Litto Nebbia.

 

Maxi Salgado (Comunicación)

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