¿Qué pasa con nuestra casa? ¿Cuándo nos mudamos?

Estás y muchas otras preguntas se hacen la comunidad educativa del Instituto de Educación Física “Dr. Jorge E. Coll”  y la sociedad mendocina en general.

Quizás a ellas habría que agregarles otras como

¿Por qué llevamos 60 años sin una sede apropiada y propia?

Las respuestas pueden ser variadas según desde el costado que se las encare. Nunca hay objetividad porque todos somos subjetivos, pero lo que no pueden discutirse son los hechos fundamentados y ese el deseo que tenemos con este documento.

La realidad, que es incontrastable, nos muestra que la provincia tiene una deuda histórica con nuestra institución.

Cerca de cumplir 60 años, nuestra institución sigue luchando por tener una sede que satisfaga sus necesidades. Un largo peregrinar que ha sido sustentado en el esfuerzo de estudiantes, profesores y autoridades.

Desde su creación, allá por 1962, el entonces Instituto Nacional de Educación Física (INEF) estuvo siempre en casas alquiladas para su funcionamiento, con todo lo que ello implicaba para el normal desarrollo del dictado de clases.

En 1993, cuando se decidió que el Instituto fuera traspasado al ámbito de la educación provincial, se agravó el problema. Ya no llegaba el dinero de la Nación para los alquileres y nuestra institución seguía sin un edificio acorde para darle la formación a los futuros profesionales de la actividad física y el deporte. Lo que muchos no conocen es que el traspaso llegó acompañado de 500.000 dólares que la Nación aportó para la compra o construcción del edificio de la institución. Dinero que nunca se destinó para la compra del edificio, quedando en las arcas de la provincia.

Hubo algunas gestiones para adquirir un predio en Corralitos y después hasta se propuso ocupar el terreno que hoy alberga al DAD. Todos fueron intentos en vano.

Allá por 1999 se llegó al predio de 10.000 metros en Godoy Cruz, donde hoy estamos. Un arreglo entre el gobierno provincial y la petrolera Repsol en su momento permitió el desembarco.

En aquel momento durante el gobierno de Arturo Lafalla, se construyeron las 8 aulas que albergan a 24 divisiones que corresponden a un 40 por ciento del proyecto.

 

La escritura de los terrenos nunca se concretó y eso fue una nueva traba para seguir avanzando.

Con ese inconveniente se encontró Julio Cobos cuando tuvo la intención de terminar el proyecto original. Así se llegó al 2006 en el que una re funcionalización del hipódromo de Mendoza, propuesto por el mismo gobernador, daba un lugar a la institución en el costado Este, los terrenos que dan sobre el Corredor del Oeste. En ese proyecto se incluían canchas de tenis, fútbol y hockey, un gimnasio y piscina.

La obra no se concretó y la provincia seguía teniendo una deuda con el IEF.

Y cuatro años después, Beatriz Barbera y Celso Jaque comenzaron a idear el hoy Aconcagua Arena. En el proyecto era condición sine qua non que el Instituto tuviera allí su ansiada casa.

Si bien el diseño fue cambiando en algunas oportunidades, nunca se archivó la idea y de hecho los arquitectos trabajaron en conjunto con las autoridades del IEF para satisfacer las necesidades de la institución educativa, que no son solo las aulas, sino también laboratorios, biblioteca y las instalaciones deportivas que permitan cursar todas las materias motrices.

Varios viajes, para ver otros estadios, fueron dando forma al gran sueño.

Un sueño que tomó más fuerza con el decreto 2540 del 4 de diciembre de 2015 que firmó el gobernador Francisco Paco Pérez. El artículo primero dice: «Otórguese en uso y afectación a favor de la Dirección General de Escuelas, para el funcionamiento del Instituto de Educación Física 9-016 «Dr. Jorge E. Coll», el espacio identificado como Ala Este y Sur, comprendiendo las Plantas Subsuelo I y II del estadio cubierto «Mendoza» ubicado en la Villa Deportiva».

Tres años después de que el Aconcagua tuviera su primera actividad (el partido de futsal entre las selecciones entre Argentina y Colombia), nos seguimos preguntando los por qué las aulas no han sido transferidas a la institución.

Con las necesidades edilicias que tiene la educación mendocina, ¿No es inadmisible no utilizar el edificio escolar que tiene el estadio en sus entrañas?

Una transferencia que no es un favor, sino saldar una deuda histórica con nuestra comunidad y la sociedad mendocina en su conjunto.

Miles de estudiantes son hoy profesionales de la actividad física por la formación recibida en las condiciones actuales y miles se verán beneficiados teniendo mejores condiciones para formarse como profesionales

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