Una luchadora a la que ni la pandemia pudo frenar

La historia de Sabrina Ochi, la primera alumna del IEF, instituto prodigio en la educación virtual, que en recibirse en forma virtual tras cursar toda la materia en cuarentena.

Era la una de la mañana del lunes 20 de julio y todos se preparaban para el festejo del Día del Amigo, cuando un mail le dio una alegría inigualable: se había recibido de profesora de educación física. Esta extraña realidad de la cuarentena hizo que Sabrina Ochi, de ella estamos hablando, tuviera que tener ese festejo en soledad y no rodeada de sus amistades que querían ir a tirarles cosas como pasa con cada uno que rinde su última materia.

Fue la primera alumna del IEF 9-016 en recibirse de forma virtual tras cursar todo un semetre completo  durante la cuarentena.

Su historia es digna de conocerse, porque con sus 24 años, Sabrina es una apasionada del deporte y de la capacitación. Una mujer que va cumpliendo todo lo que se propone.
«La última materia fue sociología de la educación de tercer año, la que no pude aprobar en diciembre por lo que había decidido recursar este año. Al principio fue complicado, porque no estaba en las aulas virtuales y tenía mucho estrés, pero la buena predisposición del equipo del Instituto, cómo siempre, me dio la posibilidad de poder cursar. Fue muy importante en este tiempo que el IEF nos diera a todos la posibilidad de tener las aulas virtuales«, comienza contando mientras espera el gran festejo que le realizará su familia.

«La verdad que el profesor hizo que la materia fuera llevadera, porque nos fue permitiendo ir acreditando trabajos por semana, rendir un parcial y una vez aprobado hacer un trabajo final para acreditar la materia. Había tiempo hasta el martes para presentarlo, pero yo lo mandé el domingo y ese mismo día a la noche me llega un mail avisando que había aprobado. Fue un tiempo de mucho crecimiento porque poder utilizar las salas de videollamadas ha sido genial poder aprender, de forma obligada, pero feliz también por eso», recuerda Sabrina quien el año pasado también cursó la carrera de guardavidas.

«Me quedan unas materias físicas para poder recibirme también, así que espero que cuando podamos volver a retomar los entrenamientos en el agua poder prepararme para finalizar».
Sabrina es la mayor de dos hijas de Miguel y Andrea, quienes han apoyado y mucho a su hija que se describe como una amante de los viajes.

«Mi sueño siempre fue estar en un juego Olímpico, ya sea como entrenadora o como voluntaria, lo que pude cumplir en el 2016. Estuve un mes como voluntaria en los Juegos de Río. Haber estado cerca de los más grandes deportistas fue un privilegio que pude cumplir gracias a mi familia. Ver de cerca a Phelps, Scola o Manu Ginóbili es una experiencia inolvidable», agrega la reciente profe quien ya cuenta con experiencia laboral en el ámbito deportivo.

«Hoy no estoy trabajando, pero lo venía haciendo como personal trainner y actualmente estoy buscando más capacitaciones. También hice cursos de capacitación en atletismo y eso me llevó a trabajar como jueza en los torneos de lanzamientos y en la parte de carreras de pista. Me gustan todos los deportes, pero me inclino más por el atletismo y por la natación. Me gusta mucho leer y perfeccionarme en las nuevas teorías y prácticas que se van realizando«, repasa y su voz deja traslucir la emoción de todas esas vivencias.

Para el final deja un agradecimiento para el Instituto de Educación Física y recuerda que «el Instituto me ha ayudado muchísimo. Yo en noviembre de 2015 me lesioné. Tuve una ruptura de ligamentos cruzados y en marzo operaron. Eso me llevó a empezar unos 20 días después el cursado y me tuvieron paciencia. Me dieron las posibilidades para poder cursar y licencia para poder ir a los Juegos. Y además el profesor Gustavo Scaffido me dió la posibilidad de dar una charla a los profesores a través del área de Formación Continua. Una situación muy linda y la verdad que tengo que remarcar que el Instituto siempre ha sido una institución presente», nos dejó en el final. Una historia de vida que merece ser contada. Una luchadora a la que ni la pandemia pudo frenar. Y un orgullo para nuestra institución/ Por: Maxi Salgado (prensa IEF)

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